Escribo

En esta máquina di forma a mis primeros cuentos infantiles; sigo escribiendo casi a diario, o siempre que puedo, y bajo los más variados estados de ánimo.

Participé en mi primer concurso de relatos con quince años; gané un irrelevantísimo y tierno premio. Usé un seudónimo masculino y aún me pregunto por qué lo hice. Tanto tiempo después entiendo que ser mujer y escritora es un doble desafío. Me gusta asistir a los rescates, a la revelación de lo que una escritora confinaba o reservaba, convencida de que era inútil o poco valioso, de que no aportaba nada. No creo necesario explicar por qué escribo en femenino plural: este blog, como una extensión de mi cuerpo, también es político. Escribir, corregir y tejer redes feministas me apasiona.

Descubrí los blogs en 2005, cuando creo que aún pocos imaginábamos la importancia que tendrían algún día. Desde entonces he saltado de bitácora en bitácora, buscando un sitio definitivo; mi identidad digital cambiaba a la vez que yo crecía, pero procuraba conservar alguna huella que me conectase al pasado.

Un modo de quitarse miedos y complejos es leyendo a (y hablando con) otras mujeres y/o escritoras. Creo que el mayor éxito que podemos alcanzar quienes escribimos (una crónica, un cuento, unas memorias) es la conquista de la plenitud profesional y personal: llegar a mostrarnos libremente, tal cual somos. Espero el día en que no temamos al cajón abierto, ni a volver solas a casa, ni al techo de cristal. En el camino nos desharemos de esa vocecita que nos llama impostoras en los momentos menos oportunos.