Escritura cotidiana II: el silencio

Soy una fuente japonesa que se vierte cada veinticuatro horas más o menos. Eso es el silencio para mí: vaciarme. (Del borboteo de la cafetera. Plic. De semáforos vocingleros. Plic. De teclados echando fuego. Plic. De móviles reclamando atención. Plic. Y de mil estímulos que me agotan). Si estoy exhausta, me recojo el pelo y me abandono a la meditación. Sé que me hallo en calma cuando siento carpas de colores nadando bajo mis pies de bambú. 

Este texto es un ejercicio del curso Escritura cotidiana, de Lidia Luna.

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