La fuerza de las mujeres

BadFeminist

He ido subrayando Mala feminista (Capitán Swing) de Roxane Gay con furia desaprensiva. El hambre que tenemos es de los más brillantes artículos que lo componen, si no el mejor. Se te agarra a las tripas y te hace puré por dentro; es el más perfecto a mi parecer, por su equilibrio entre factor humano, calidad, extensión y relevancia.

¿Es Mala feminista redondo? Quizá no vaya a aparecer en las listas de mejores libros de 2016 editados en español (o sí, tengamos fe), pero si no lo leen no saben lo que se pierden. ¿Está Gay entre las mejores escritoras contemporáneas? Pues pienso que quién soy yo para pontificar sobre algo tan elevado. ¿Cuenta El hambre que tenemos algo extraordinario? La respuesta es bien triste: no, pero el noqueo te lo llevas si no vas sobre aviso. Sigo pensando en el detalle de que aparezca publicado en decimocuarto lugar, porque no se desnuda hasta que han pasado ciento y pico páginas. Sabemos que, después de domar a la perfección la prosa para hablar de su amor por el Scrabble o de lo difícil que es ser profesora universitaria, puede usar las palabras con la misma maestría para contar una experiencia que partiría en dos su vida. ¿No es eso maravilloso?

(¿Y acaso escribir no es recomponerse tras esa fractura tan íntima?)

Ya en el anterior capítulo, El lenguaje negligente de la violencia sexual, Gay deja claro que el epígrafe en el que se enmarcan ambos –Género y sexualidad-, aparte de tratar la triple opresión mujer + negra + gorda, la escasez de humor en los textos feministas o los estereotipos de género sobre los que inciden las series no va pasar por alto, ni mucho menos, la situación de vulnerabilidad e indefensión a la que nos vemos sometidas las mujeres sólo por ser mujeres (la negrita es mía):

Vivimos en una cultura demasiado permisiva con la violación. (…) Vivimos en una época que necesita de la expresión "cultura de la violación". (…) Es posible que utilicemos la expresión "cultura de la violación" demasiado despreocupadamente al abordar los problemas muy concretos que surgen de una cultura enfangada en la violencia sexual. (…) ¿No sería preferible centrarnos en la "cultura del violador"? (…) Hablamos de la violación, pero no lo hacemos con cuidado. Vivimos en un momento extraño y terrible para las mujeres. Hay días que pienso que siempre ha sido así. (…) Pienso en mi responsabilidad como escritora y en lo que los escritores podemos hacer para criticar de forma inteligente la cultura de la violación y arrojar luz sobre las realidades de la violencia sexual sin explotar el tema".

 

Uno lee a Roxane, pero hasta el decimocuarto artículo no conoce a Roxane. La resiliente Roxane. Y uno piensa: tras la apariencia de un charco se puede, ciertamente, encontrar un profundísimo océano.

En El hambre que tenemos Gay no habla de la docencia, de los privilegios, de Haití, del periodismo norteamericano, la telebasura o la televisión, como los artículos predecesores. Habla de sí misma, que es lo más arriesgado que un escritor puede hacer. Escribe a pesar de sí misma, que es una de las capacidades que más admiro en un autor. O tal vez precisamente por ella misma. Para salvarse, como dice en este preci(o)so capítulo. Lo he leído cerca de diez veces. He cerrado el libro con algo de mareo –físico, real-; algo de náusea. Mirarlo me daba escalofríos, cierta pena, aunque también mucho coraje y la convicción de que la vida puede ser espeluznante. Pero hay una belleza innegable en la guerrera de la cicatriz que sigue buscando cuentos de hadas. Todavía se me encoge el corazón, porque quisiera haber estado en aquel bosque; y porque durante un año entero de instituto mi nombre también fue, para muchos, “puta”. Porque en esta media página estoy yo (la negrita es mía):

Me fascina la fuerza de las mujeres.
La gente suele pensar que soy fuerte. Y no lo soy. Y sin embargo. 
(…)
Yo vengo de una familia cariñosa, unida, imperfecta pero fantástica. Mis padres siempre han estado involucrados en mi vida, incluso cuando les aparté de ella. No me ha faltado de nada. Una de mis principales debilidades, una que me ha avergonzado constantemente, es que siempre me he sentido sola. Me ha costado hacer amigos porque puedo ser difícil en sociedad, porque soy rara, porque vivo en mis pensamientos.
(…) La soledad era lo único que conocía [cuando era pequeña], y eso me convirtió en un pozo sin fondo de necesidad, grande y abierto, ansiosa por que cualquier cosa me llenara.
(…)
Leer y escribir siempre me han sacado de las peores experiencias de mi vida. Me han permitido olvidar. Me han permitido imaginr finales distintos y posibles mundos mejores.

 

Sobrevivir, como bien dice, no significa ser fuerte. Aunque ahí andamos, intentándolo. Ahora, claro, quiero leer todo lo que ha escrito. No entiendo el periodismo si no es comprometido. No entiendo el feminismo si no es desde la lucha y hacia la erradicación de la violencia machista, porque yo también la he vivido de cerca. No lo escondo, no lo pregono, no soy víctima, no soy heroína, pero contarlo es liberarse. Supongo que de ahí mi necesidad de la palabra. Me previenen continuamente porque en las redes uno no puede airear sus intimidades sin condenarse, pero no me da la gana dejar esto en el tintero por el miedo al qué dirán y porque haya una reputación online que mantener. No es relevante mi reputación online cuando tengo algo que decir. No hay nada que perder cuando uno escribe para ganar: ganar confianza, ilusión, poder, convicción, esperanza, autoestima, fuerza. Esto sí es importante. Es necesario. Siguen resonando en mi cabeza sus últimas palabras: todo aquel que sobrevive a algo insoportable tiene hambre.

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3 Responses to “La fuerza de las mujeres

  • Almu Rusev
    10 meses ago

    Me crecieron los pechos muy pronto. A los 11 años me encontraba perdida y avergonzada porque no sabía cómo afrontar una tragedia similar. Mi propia madre no sabía cómo hacerlo. De pronto tenía apariencia de mujer, pero sin serlo. Y las apariencias confunden a muchos. A los 11 años empecé a escuchar los cuchicheos por los pasillos, las risas y miradas aviesas, la curiosidad malintencionada, los comentarios hirientes. A los 12 un hombre se fijó por primera vez en mis pechos. Me hizo un comentario por la calle y yo, inocente, me paré porque pensaba que me estaba haciendo una pregunta. "Un bocao en cada teta". Nunca antes había temido tanto por mi integridad física. Me persiguió y yo, muerta de vergüenza, no me atreví a correr. Aún no sé por qué. Cuando volví la esquina, huí con todas mis fuerzas, con el corazón palpitando en las sienes. Todavía hoy siento náuseas cuando huelo la colonia que llevaba aquel día. Todavía hoy me acomplejan mis pechos.

    Esta soy yo.

  • He tardado muchísimo tiempo es saber que era una mujer, en saber contra qué me estrellaba. Ahora lo se, y me siento muy libre a pesar de que no ha cambiado ninguna circunstancia. Ahora me comprendo, ahora. Nunca es tarde para apreciar la libertad.

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  • Shows' violetas: feminismo para todos - La Réplica :

    […] Nerea Pérez de las Heras (Madrid, 1982) es la directora y protagonista de Feminismo para torpes, un monólogo teatral que ha formado parte, este pasado fin de semana, del programa de la tercera edición del festival Princesas y Darth Vaders, comisariado por la escritora y periodista Lucía Litjmaer. Junto a Nerea también participan un par de actores profesionales que ayudan a escenificar escenas cotidianas de sexismo (machismo): en los entornos laborales, entre amigas, en Internet… Durante unos 45 minutos, esta periodista reflexiona en voz alta y en clave de humor (a veces muy negro; sin concesiones, sin pelos en la lengua) y repasa todo un abanico de situaciones que muchas hemos vivido: pequeñas y grandes desigualdades, injusticias flagrantes, ejemplos de opresión y principales estereotipos (muchos plantados gracias a nuestro querido sistema educativo). Nerea es, en propias palabras, una mala feminista. […]

    2 meses ago

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